Porque hoje é sábado, 10 fotos de Brooke LaBrie + algumas de outros, com poema de Benedetti

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Piernas, de Mario Benedetti

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Las piernas de la amada son fraternas

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cuando se abren buscando el infinito

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y apelan al futuro como un rito

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que las hace más dulces y más tiernas.

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Pero también las piernas son cavernas

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donde el eco se funde con el grito

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y cumplen con el viejo requisito

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de buscar el amparo de otras piernas.

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Si se separan, como bienvenida,
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Mario Benedetti, o Grande Despretensioso

Mario Benedetti, o Grande Despretensioso

Cuando éramos Niños

Cuando éramos niños
los viejos tenían como treinta
un charco era un océano
la muerte lisa y llana
no existía.

luego cuando muchachos
los viejos eran gente de cuarenta
un estanque era un océano
la muerte solamente
una palabra

ya cuando nos casamos
los ancianos estaban en los cincuenta
un lago era un océano
la muerte era la muerte
de los otros.

ahora veteranos
ya le dimos alcance a la verdad
el océano es por fin el océano
pero la muerte empieza a ser
la nuestra.

Mario Benedetti

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Quando éramos crianças (Mario Benedetti)

Quando éramos crianças
os velhos tinham como trinta
uma poça era um oceano
a morte simplesmente
não existia.

em seguida, quando meninos
os velhos eram gente de quarenta
um tanque era um oceano
a morte apenas
uma palavra

Já quando nos casamos
os anciãos estavam com
cinquenta
um lago era um oceano
a morte era a morte
dos outros.

agora veteranos
demos espaço para a verdade
o oceano é por fim o oceano
mas a morte começa a ser
a nossa.

Trad. duvidosa deste amigo de ustedes.

Foto do tradutor quando criança
Foto do tradutor quando criança

Mario Benedetti: "Los gobernantes, en general, les tienen miedo a la cultura"

(Entrevista concedida ao Clarín no começo de 2007)

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El calor no cede en estos primeros días de 2007. Ni siquiera a las 10 de la mañana, hora pautada para el encuentro con Mario Benedetti. En la puerta del departamento esperan Ariel, su secretario, y Raúl, su hermano, a quien se lo ve habitualmente, en un acotado circuito céntrico, acompañándolo.

Mario nos espera sentado en su silla, al lado de un gran ventanal con vista a la avenida 18 de julio buscando, quizás, que la “ciudad de todos lo vientos”, le regale al menos una brisa para llevar mejor, en esas primera horas de la mañana, sin el ventilador y sus ruidos, la sofocante temperatura.

“Me das un mate”, le dice a su hermano. Mientras terminamos de acomodarnos, el escritor parece compenetrado en un ritual que, curiosamente, le es completamente nuevo.

—Dicen que empezó a tomar mate hace poco. ¿Es cierto?

—Así es. Nunca había probado, increíblemente. Hasta que hace unos meses Ariel me dijo: “¿querés uno?”. Y no se porqué agarré viaje, y me gustó. Además me viene muy bien porque los médicos me recomendaron tomar mucho líquido.

—Este año que acaba de terminar fue particularmente difícil para usted, ¿verdad?

—Sí, sin duda. Fue un año dramático, lleno de muertes. La de mi mujer Luz, luego de una larga agonía, fue para mí un golpe muy duro. Pero no fue la única. En 2006 también se fueron la esposa de mi hermano, la pianista Lyda Indart (madre de Daniel Viglietti), a quien yo quería mucho, Poema Vilariño (hermana de Idea, la poeta), entre otra gente muy próxima.

—A partir de estas experiencias, ¿cambió en algo su idea con respecto a la muerte?

—No, no. Mi percepción sobre ella no ha cambiado. Sé que es inevitable, que ahí está.

—¿Y a partir de ahora puede que tenga mayor protagonismo en su producción literaria?

—No lo sé. Lo que puedo decirle es que a la muerte yo la he tenido siempre presente, aún cuando joven; y que ha sido un tema recurrente en mis textos. Hasta tengo un libro que la menciona directamente: “La muerte y otros escritos”.

—Después de la partida de Luz, ¿En qué o quién se ha refugiado para intentar mitigar tanto dolor?

—En la escritura. En este tiempo ha sido una especie de guarida para defenderme de todas las desgracias que le mencioné al principio. Inclusive seguí escribiendo, aunque menos, todos los meses que mi esposa estuvo internada en la casa de salud, adónde iba a visitarla diariamente.

—Pero se las arregló para publicar dos nuevos libros de poesía.

—Es verdad. En diciembre presenté “Canciones del que no canta” (editado por Seix Barral) y “Nuevo Rincón de Haikus” (editado por la uruguaya Cal y Canto), que es mi tercer libro basado en ese género japonés.

—¿Qué lo llevo al haiku?

—Hasta entrada la década del 80 yo no tenía idea de su existencia. Cuando Julio Cortázar —que fue muy amigo mío— murió, dejo un libro terminado, en ese momento inédito, que tenía como epígrafe un haiku, con un verso que decía “salvo el crepúsculo”, y que terminó usando como título del libro. En el momento que leí la estrofa me sorprendió por su rigor y empecé a buscar antecedentes. En primer lugar indagué sobre su procedencia y luego comencé a buscar algunos cultores de esa forma poética. En España hallé a tres poetas que habían escrito haikus; mientras que en América Latina, el único que había publicado haikus, con el mayor rigor, había sido Jorge Luis Borges.

—Se sabe que ahora está escribiendo, además de los haikus, muchos sonetos. ¿Qué le brinda la poesía reglada?

—Además de que ambos me atraen, tienen formas muy rigurosas que, hoy para mí, constituyen grandes desafíos.

—Y en cuanto a la temática, ¿Hay en esta producción nueva alguna innovación?

—Ariel, mi secretario, dice que estoy escribiendo una poesía más filosófica. Y puede que tenga razón. Cuando uno está viviendo en las cercanías de la muerte —como yo, que tengo 86 años— , resulta bastante lógico que surja una poesía más seria, más preocupada por ese final que se aproxima. Así y todo, los haikus que estoy escribiendo se prestan más para el humor. En el libro “Nuevo rincón de haikus” hay varios que están escritos en ese tono.

—A cincuenta años de sus célebres “Poemas de la oficina”. ¿Cómo se imagina que escribiría sobre ese mundo pero trasladado al presente?

—No podría hacerlos, ni tampoco me imagino cómo podría ser ese libro, porque no conozco bien la vida de los oficinistas de hoy. Hay que tener en cuenta que hice aquellos poemas en un momento que me desempeñaba como oficinista, por lo que conocía perfectamente ese ámbito.

—Ese trabajador anodino, gris, que si bien podía denotar cierta rebeldía no proponía —como sí en textos suyos posteriores- un cambio real, era un típico exponente de la clase media. ¿Cómo ve en la actualidad a la clase media rioplatense?

—¡Uff! En ambos márgenes del Plata la clase media ha caído mucho. Es muy distinta a la de aquella época. Por razones socioeconómicas, mucha gente perteneciente a familias de aquella clase media, hoy está en niveles más bajos. No estoy diciendo nada nuevo con esto. Esa clase social, con sus avatares, siempre me cautivó. Desde la primera vez que me fui de Uruguay por voluntad propia (a lo veintipocos años) y luego en el exilio, escribí siempre sobre la clase media uruguaya.

—¿Qué está leyendo por estos días?

—Ando con una antología de autores latinoamericanos que han escrito libros con humor. Y días pasados también estuve leyendo. ¿Qué estuve leyendo?, no me acuerdo. (lo de Piazzolla, le apunta su secretario ). ¡Ah, sí! Una biografía sobre Piazzolla que me ha enseñado muchas cosas sobre la evolución del tango, y su propia evolución, como empezó con un tango clásico y de a poco fue cambiando.

—Hablando de cambios, usted es de los que creen que la literatura puede cambiarle la realidad a la gente.

—Lo que puede la literatura es revelarle a las personas cosas en las que no habían pensado. Lo que no puede la literatura es cambiar la actitud de los gobernantes, porque éstos, en general, le tienen miedo a la cultura.

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A palavra "loser"

A palavra "loser"

loserSempre me irritei com a palavra loser, de uso cada vez mais corrente no Brasil. Um dia, será escrita como luzer. Uma vez, perguntado porque seus melhores personagens frequentemente acabavam mal, Mario Benedetti respondeu: “É porque ocorre assim; na maioria das vezes as pessoas boas escolhem perder e perdem”. Serão eles os losers? Se um homem bate na mulher é um loser… E a mulher, o que é? Ou seja, não há precisão vocabular. Prefiro chamar o homem de psicopata, violento, bêbado, brutal ou criminoso do que chamá-lo de loser. E será o agressor um perdedor em outro contexto? Detesto a expressão e desconfio de quem a utiliza.

A tradução de loser não é “fracassado”. É perdedor mesmo. Faço minhas as palavras do Paulo Briguet que transcrevo aqui:

Segundo as dublagens da Herbert Richers, a tradução de loser é “perdedor”. Um tradutor mais experiente diria que é “fracassado”. Em minha modesta condição de monoglota, discordo. “Fracassado” é um conceito por demais latino. “Perdedor” está mais adequado à origem (e à tosquice) da expressão.

Engraçado: o pessoal que adora falar dos EUA é o mesmo que usa termos anglo-saxônicos como loser. Na opinião da claque esquerdista, Bush, o capitalismo e o cristianismo são três faces do mesmo capeta. E quem ousa discutir o anátema é… loser. Paradoxo linguístico!

Ora, na opinião deste humílimo cronista, loser é coisa de filme adolescente americano, no mesmo nível de “a garota mais popular do colégio” e “quem será meu par no baile de formatura?”.

O humílimo está coberto de razão.

Manhã

Manhã

É muito bom dormir carinhosamente, acordar cedo, lavar o rosto, sentar na cozinha, observar o gato circular e pedir comida, enquanto se toma café sem leite na cozinha, ouvindo Arthur Grumiaux tocar as sonatas para violino solo de Bach e se vê pela janela que, provavelmente, em algum momento, choverá hoje. Depois de mais carinhos, chegamos ao trabalho, acertamos as primeiras colunas e manchetes do dia, repassamos e cumprimos algumas ordem recebidas e concluímos que ainda nada aconteceu de maior que a cólica da estagiária. Mas que há de se recuperar.

Voltando no tempo, lembro que faço questão de lavar a louça do café, assim como não dou a menor importância à arrumação da cama. Uma cama desarrumada me é mais convidativa que uma toda lisa e abotoada. Até me irrita ver uma cama com tudo no lugar, parece que o cheiro de dormir vai embora assim que se estendem os lençóis.

No trabalho, entro no Facebook e curto a página de Mario Benedetti. Então, o robô do Facebook me propõe curtir a de Jean-Claude van Damme. Isto me tira das brumas matinais.

Claro, a Feira do Livro de Porto Alegre será a mesmice de sempre, porém, dentre as presenças internacionais, haverá duas para as quais me curvo sem restrições. São as do português Francisco José Viegas e do alemão Ingo Schulze. A nominata dos outros estrangeiros não me impressionou. Espero que fechem logo a programação nacional para que eu possa me agendar com antecedência.

Quem de nós, de Mario Benedetti

Vivi tanto nesta semana que nem parece que ainda é quarta-feira. Meu equivocado relógio interno indica sexta. Talvez um dos motivos seja a súbita leitura deste primeiro romance de Mario Benedetti, Quem de nós (Record, 83 páginas). Li-o quase todo ontem à noite, enquanto esperava, num restaurante, que minha mulher e amigos — Jussara e Branco — chegassem do concerto da OSPA. É que tinha devolvido meu ingresso a quem me dera e ficara sem…

Jamais chamaria Quem de nós (1953) de novela. É um romance curto, um excelente e intenso romance curto. A narrativa — que no Brasil recebeu o duvidoso complemento de Uma História de Amor (ver capa ao lado, sob o título) é dividida em três partes muito diferentes entre si e que justificam plenamente a epígrafe de Auden que lemos assim que abrimos o volume:

I shall never be Different. Love me.

O verso faz parte do Hymn to St. Cecilia, mas eu falava sobre as três partes. Elas se chamam Miguel, Alicia e Lucas e são escritas em primeira pessoa. Os três personagens se conhecem desde a adolescência. Miguel e Alícia são casados e têm dois filhos, mas o marido, uma pessoa daquelas que alguns chamam de “simples”, tem certeza que a mulher tem tudo em comum com o amigo Lucas. Afinal, ambos têm os mesmos interesses, a mesma ironia, cultura, etc. Na época do casamento, Lucas saiu de Montevidéu para viver em Buenos Aires e não mais voltou. Ao longo de 11 anos de separação, Miguel e Lucas apenas trocaram cartas, e sempre, ao final delas, aparecia um tímido recado de Alícia: “Carinhosas lembranças ao bom amigo Lucas”.

O livro abre com a narrativa de Miguel, a qual ocupa mais da metade do livro. As anotações são datam de logo após Miguel levar Alicia ao porto de Montevidéu para ir a Buenos Aires visitar Lucas. Baseado numa rigorosa baixa auto-estima que o faz quase empurrar a mulher para o amigo, Miguel tem a certeza de que ela não voltará para ele. Não devo contar o que virá a seguir, é claro. Mas algumas observações devo fazer. A parte escrita por Lucas (tradutor e escritor) vem na forma de um conto, um work in progress cheio de anotações de rodapé com os nomes dos personagens alterados. Não sei contar contos; sei reconhecer o conto em alguma coisa que vejo ou experimento. Depois deformo, acrescento, tiro. Vem também na prosa voluntariamente truncada de quem está meio escrevendo, meio anotando.

A grande curiosidade do livro não é nem pela psicologia ou por minha identificação com as situações e personagens. O que me seduziu foi como a franqueza de Miguel e Alicia foi estranhamente rebatida por uma meia ficção: a força desta chega a ser assustadora em relação ao naturalismo das duas primeiras partes. Benedetti nos engana — passa uma impressão de simplicidade enquanto nos destroça.

Nada menos que genial.

Amor à Literatura

Recebi uma intimação para responder este questionário. Na verdade, acho um saco estes pedidos e sempre os ignoro, mas como é sobre literatura, vamos lá. Tentei descobrir o primeiro autor das perguntas, mas entreguei os pontos.

1. Não podendo sair do Fahrenheit 451, que livro quererias ser?

Esta pergunta é sobre que livro gostaríamos de SER. Interessante. Então, desejaria ser alegre. Sugeriria tornar-me a Modesta proposta para evitar que as crianças da Irlanda sejam um fardo para os seus pais ou para seu país de Jonathan Swift. Opcionalmente poderia ser o irresistivelmente cômico Uma Confraria de Tolos de John Kennedy Toole ou quem sabe — tornando-me mais reflexivo, sutil e elegante — os esplêndidos Contos de Machado de Assis. Em qualquer um dos casos, porém, seria muito solicitado pelos ouvintes; seria popularíssimo, sem dúvida.

Quem não leu Fahrenheint 451 ou não viu o filme de mesmo nome de François Truffaut, ficará sem entender a última frase do parágrafo anterior… ou talvez tudo.

2. Já alguma vez ficaste apanhadinho(a) por um personagem de ficção?

Sem dúvida, este questionário veio de Portugal. Apanhadinho é igual a “ficar caidinho” ou “ficar apaixonado”.

Uma vez, numa roda de amigos discretamente alcoolizada, uma das mulheres perguntou aos homens presentes quais teriam sido as mulheres de suas vidas. Por azar, coube a mim ser o primeiro a responder. Sou dono de proverbial franqueza, de lendária sinceridade e, depois de olhar para minha insegura cara-metade da época, declarei: a mulher de minha vida é certamente alguém que quis e nunca tive e da qual só imagino delícias, perfeições, calma e carinho. É alguém de quem não conheço os defeitos. A mulher de minha vida é… E disse um nome conhecido daquelas pessoas que quedaram-se boquiabertas.

Hoje, fiquei pasmo ao ver que as “mulheres de livros” pelas quais me apaixonei têm igualmente amores irrealizados. A primeiríssima é Sílvia, que aponto polemicamente como a maior personagem de Erico Veríssimo. Ela é a principal habitante de O Arquipélago, terceiro volume da trilogia O Tempo e o Vento. Sílvia é casada com outro, mas seu grande amor é Floriano, com quem apenas dialogava, trocava cartas e a quem escrevia um diário. A segunda é Sarah Woodruff, do romance de John Fowles A Mulher do Tenente Francês e a terceira é Leen do romance Casa sem Dono, de Heinrich Böll. A história de Sarah é muito conhecida, ainda mais depois da indicação de Meryl Streep ao Oscar, no papel de Sarah. Já Leen é obscura. Ela morre aos 19 anos, na página 124 de minha edição, após morar um ano com Albert, personagem principal do livro de Böll. O vendaval de sua entrada e saída em Casa sem Dono destroçou temporariamente minha vida.

3. Qual foi o último livro que compraste?

(Anotação: nunca fazer esta pergunta à Caminhante.)

Foram dois, ambos comprados num sebo: Os Duelistas de Joseph Conrad e A chuva antes de cair, de Jonathan Coe.

4. Qual o último livro que leste?

Foram dois.  A Borra do Café de Mario Benedetti e A chuva antes de cair de Jonathan Coe.

5. Que livros estás a ler?

Estou clássico. Leio Ensaios de Montaigne e Os Duelistas de Conrad.

6. Que livros (5) levarias para uma ilha deserta?

Penso que nunca mais me apaixonarei por livros como na juventude. O que lia durante a adolescência e até os vinte e poucos anos marcou-me muito mais do que qualquer coisa lida depois. Todos os meus livros vêm de lá:

Contos de Machado de Assis (relidos depois);
Contos de Anton Tchekhov (relidos depois);
Grande Sertão: Veredas de Guimarães Rosa;
Doutor Fausto de Thomas Mann (relido depois);
Dom Quixote de Cervantes.

Bem, se a fiscalização da ilha fosse camarada, acrescentaria um Manual de Sobrevivência…

Nuevo Rincón de Haikus, de Mario Benedetti

O haikai clássico (ou haicai, ou haiku) tem apenas 17 sílabas, com distribuição invariável em suas três linhas: a primeira com cinco; a segunda, sete; a terceira, cinco. Portanto, isto é um haikai:

cheguei ao fórum
com sede de justiça
num baio lilás

Foi o meu primeiro haikai. O meu não é, mas o haikai deve ser um poema mínimo, completo. Colocar em 17 sílabas uma dúvida, uma opinião, uma paisagem, uma ironia ou uma piada tornou-se um jogo para Benedetti, que escrevia haikais às pencas. Neste livro que comento, há 300, um por página. Li todos de enfiada, o que me deixou meio maluco, construindo um haikai a cada pensamento que me ocorre.

haydn inventou
o quarteto que bartók
tornou perfeito

as minhas sogras
sempre me adoraram
e eu a elas

É verdade, sempre tive sorte com sogras. Aliás,

à alzira, minha
sogra, prefiro chamar
de al jazeera

E ela nunca me processou.

Os de Mario Benedetti são infinitamente melhores e garanto-lhes que é muito divertido viajar sete horas ouvindo minha mulher recitar os haikais na estrada.

qual casamento
abriga em si amor
pós sete anos?

O nosso, sem dúvida! Eu ao menos acho, quem sabe, sei lá. Bom, eu digo que sim.

em montevidéo
algumas declarações
foram trocadas

E a Claudia é franca até demais. Bom, mas vamos ao Benedetti. Ele pode ser inteligente:

es casi ley
los amores eternos
son los mas breves

Sim, sim, mudou de categoria. Sai Milton, entra Mario. Ele pode fazer piada:

no hay laberinto
tan complicado como
los intestinos

Ser como todos nós:

cada cinco años
emborracharse un poco
tiene su encanto

Vejam como ele rouba um pouco: esse aí acima tem 6-8-6, o anterior, 6-7-5. Nos meus, tentei ficar nos 5-7-5 regulamentares. Mas como é poético!

todos tenemos
nuestro intenso y privado
apocalipsis

Mais poético ainda:

por ser secretas
las charlas del amor
son en voz baja

Pode advertir:

mujer lejana
si ja no te interesso
no me vigiles

Ser óbvio:

los periodistas
cuando preguntan tienen
ya la respuesta

Pode escrever coisas belas:

quisiera verte
cuando te quedas sola
a ver qué haces

Ser antirreligioso:

si un rayo mata
al toro / su vaquita
se vuelve atea

Dizer o que senti ao final da viagem:

cuando uno viaja
a veces le indigesta
tanto paisage

E o resto vai sem meus ruídos:

la patria es linda
sobre todo cuando uno
la recupera

me gustaría
mirarme en un espejo
que me mintiera

pobre ciervito
no tiene más remedio
que ser cornudo

el desexilio
es el manso reencuentro
con lo que fuimos

desde la foto
me miram cinco rostros
que ya non miran

los sordomudos
fueron son y serán
los más discretos

las profecías
suelen desintegrarse
en el futuro

en tiempos duros
no hay refugio más sano
que la tristeza

a tu vecino
confiésale secretos
pero de otros

prohibir um livro
es el modo más fácil
de promoverlo

los pies desnudos
saben por donde pisan
y donde pasan

quieras que no
en el bidet se lavan
viejos rencores

en el pretérito
pluscuamperfecto queda
lo que no fuimos

Preciso dizer que gostei do livro? Hein?

se não fui claro
podem me avacalhar (*)
em comentário

(*) Como estou sendo discretamente perseguido por feministas, explico. Acho que avacalhar é o melhor verbo aqui e desconheço um correspondente masculino. Se existir, mudo!

Ultimo adiós a Mario Benedetti

Una caravana recorrió la ciudad para despedir el poeta esta mañana; sus restos serán inhumados en el Panteón Nacional del cementerio central de Montevideo con un homenaje a cargo del escritor Daniel Viglietti

Una multitud acompaño los restos de Mario Benedetti por las calles de Montevideo Foto: AFP

MONTEVIDEO.- Miles de personas marcharon esta mañana por Montevideo, escoltando al féretro del escritor Mario Benedetti. Los aplausos y la lluvia de flores no cedieron durante todo el recorrido hacia el Panteón Nacional del cementerio central, donde reposarán los restos del poeta fallecido el domingo a los 88 años.

El homenaje al autor de “La Tregua” en la necrópolis tendrá como únicos oradores a la ministra de Cultura, María Simón, el director nacional de Cultura, Hugo Achúgar, y el cantautor y amigo personal del escritor Daniel Viglietti.

La caravana circuló a paso de hombre por la ciudad acompañada por sindicalistas de la principal central obrera del país, la PIT-CNT, y estudiantes de la Federación de Estudiantes Universitarios de Uruguay.

Ayer los uruguayos desfilaron durante toda la jornada ante el féretro de Benedetti velado en el Palacio Legislativo, sede del Congreso, donde se congregaron autoridades del gobierno encabezadas por el presidente Tabaré Vázquez, referentes de la política y cultura y ciudadanos comunes -adultos, jóvenes, familias- que quisieron tributar su adiós al poeta.

“Hombres como Mario nunca mueren, se siembran”, dijo brevemente Vázquez al evocar la figura del escritor, de claro compromiso en la izquierda y que participó activamente en la fundación del Frente Amplio, la alianza actualmente en el poder.

Mario fue “un hombre con una pluma, un alma y un corazón” y “nos desafía a seguir su ejemplo. Hoy estamos rodeando su recuerdo con mucha noción de futuro”, evocó Viglietti, quien permaneció toda la jornada de ayer al lado de su amigo fallecido con quien compartió también actividades artísticas como el espectáculo “A dos voces”.

De salud frágil el último año y medio en el que fue hospitalizado cuatro veces, la última aparición pública de Benedetti fue en diciembre de 2007 cuando fue distinguido por el presidente venezolano, Hugo Chávez, con la Orden Francisco de Miranda en un acto en Montevideo.

Nacido el 14 de septiembre de 1920 en Tacuarembó el uruguayo combinó toda su vida el amor por las letras con un compromiso humano, social y político que nunca abandonó y que le significó años de exilio durante la dictadura militar (1973-85).

Exponente de la denominada “Generación del 45” con Juan Carlos Onetti (1909-1994), entre las obras destacadas del uruguayo figuran “Gracias por el fuego” (1965), “Los cuentos de Con y sin nostalgia” (1977), “Los poemas de Viento en el exilio” (1981) y obras teatrales como “Pedro y el capitán” (1979).

Benedetti retrató en muchas de sus obras la tristeza del burócrata y la melancolía de Montevideo, su ciudad de adopción, y en sus letras se reconocieron muchos de los que ayer se acercaron a tributar un emotivo y silencioso homenaje al autor que a su valía intelectual añadió una calidad humana que fue su marca registrada.

Autor de una vasta obra con más de 80 títulos entre poesía, cuentos, novelas y ensayos, Benedetti fue distinguido a lo largo de su trayectoria con varios premios como el Reina Sofía, el Iberoamericano José Marti y el Menéndez Pelayo.

Su último libro “Testigo de uno mismo” se lanzó en agosto pasado con el poeta ya ausente por su vulnerable estado y estaba trabajando en un nuevo poemario con el título provisorio de “Biografía para encontrarme”.

Mutua admiración con Nicanor Parra. El poeta chileno Nicanor Parra dedicó un “artefacto” para rendir homenaje al fallecido escritor uruguayo Mario Benedetti de quien dijo haber sido un “amigote”.

El “artefacto” tiene como título “En la hora de su muerte” y fue publicado hoy por el diario La Tercera. “A lo más que se puede aspirar/ Es a dejar dos o tres frases en órbita/ Que yo sepa don Mario dejo al menos una:/ La muerte y otras sorpresas// ¡Señor mío, la frasecita!”, escribió Parra en referencia a uno de los títulos del escritor uruguayo.

El diario La Tercera indicó que el autor de La tregua “era un admirador de la obra del chileno y en 1969 le realizó una extensa entrevista que fue publicada en la revista Marcha.

Benedetti básico

Tanto en sus novelas, como por ejemplo “La tregua” (1960), como en sus cuentos “Montevideanos” (1959), o en sus poesías de “Poemas de oficina” (1956) e “Inventario” (1963), Mario Benedetti ha trabajado una cuerda que se detiene en el hombre medio y sus peripecias. Es un defensor de la comunicación plena del lenguaje literario, postura que le ha ganado millares de lectores en el mundo de habla hispana. Su tarea crítica fue reunida en diversos textos, como “Letras del continente mestizo” (1967), “Crítica cómplice” (1971), “El desexilio y otras conjeturas”(1984) y “Perplejidades de fin de siglo” (1989). Es también conocida su adhesión a Cuba y a las causas de izquierda, lo que lo obligó a exiliarse durante la dictadura uruguaya de los años 70 e inicios de los 80. Mantiene una intensa relación con la Argentina: entre 1938 y 1941 residió continuamente en Buenos Aires. Y dijo en 1984: “Volver a la Argentina, después de ocho años, ha sido muy estimulante. Al segundo día fui, como cumpliendo un rito, a la Plaza San Martín, adonde iba en mi adolescencia a leer. Allí decidí ser escritor, y empecé a escribir mi primer libro de poemas”.

FONTE: Página 12

José Saramago: "Un amigo, un hermano"

En una columna en el diario El País de Madrid, el escritor portugués se refiere a Benedetti como “Un amigo, un hermano”.

“La obra de Mario Benedetti, amigo, hermano, es sorprendente en todos los aspectos, ya sea por la extensión en la variedad de géneros que toca, ya sea por la densidad de su expresión poética como por la extrema libertad conceptual que usa. El léxico de Benedetti ha ignorado deliberadamente la supuesta existencia de palabras “poéticas” y de otras que no lo son. Para Benedetti, la lengua, toda ella, es poética. Leída desde esta perspectiva, la obra del gran poeta uruguayo se nos presenta, no sólo como suma de una experiencia vital, sino, sobre todo, como la búsqueda persistente y lograda de un sentido, el del ser humano en el planeta, en el país, en la ciudad o en la aldea, en su casa simplemente o en la acción colectiva. Son muchas las razones que nos llevan a la lectura de Benedetti. Tal vez la principal sea ésa, precisamente: que el poeta se ha convertido en voz de su propio pueblo. O sea, en poeta universal”, escribió Saramago.

FONTE: El Pais de Montevidéo

Mario Benedetti (1920-2009)

A Meg me avisa que um dos escritores que mais amo morreu ontem em Montevidéo aos 88 anos. Claro que foi uma vida longa, prolífica e deveríamos ficar felizes com uma existência assim, só que Mario Benedetti, mesmo em seus livros mais políticos, tinha uma voz tão próxima do leitor, tornava-se tão íntimo de nós, que é impossível não se sentir triste por ele, pela literatura, pelo Uruguai e por nós, que vamos ficar privados de sua companhia. Gosto muitíssimo dele e agora improvisarei qualquer coisa em sua memória.

Rodolfo Nin Novoa, presidente em exercício do Uruguai, María Simon, ministra da Cultura, e Ricardo Ehrlich, prefeito de Montevidéu estão preparando seu velório no Palácio Legislativo e seu sepultamento no Panteão Nacional.

A Agência EFE publicou a seguinte nota, de Juan Antonio Sanz:

Montevidéu, 17 mai (EFE).- O escritor uruguaio Mario Benedetti deixa atrás de si uma rica obra, na qual os mais de 80 romances, ensaios, contos e poemas escritos mostram o compromisso social e a coerência de alguém que acreditou “na vida e no amor, na ética e em todas essas coisas tão fora de moda”.

“Ele sempre disse que se sentia mais poeta que outra coisa”, afirmou a biógrafa do escritor, Hortensia Campanella, quando apresentou, há alguns meses, o livro “Mario Benedetti. Un mito discretísimo”.

Na obra, ela traça a trajetória de um dos mitos da literatura hispano-americana do século XX e talvez a consciência poética de todo um continente.

Essa poesia se transformou no único pilar para enfrentar seus últimos anos, após a morte da esposa, Luz López, em 2006, sua companheira há mais de seis décadas e a melhor crítica do poeta.

Benedetti teve “uma vida que foi perseguindo a utopia e que, por isso mesmo, encontrou na poesia sua melhor expressão, ou pelo menos, a mais querida, a mais autêntica”, explicou Campanella.

Joan Manuel Serrat, Daniel Viglietti, Pedro Guerra, Rosa León, Juan Diego ou Nacha Guevara são só alguns dos cantores que deram voz aos versos de Benedetti.

A poesia, dizia Benedetti, é “um sótão de almas”, uma “claraboia para a utopia” e “uma drenagem da vida/ que ensina a não temer a morte”.

Foi também o martelo que lhe permitiu forjar uma carreira literária ligada às profissões mais diversas: empregado de uma oficina, taquígrafo, caixa, vendedor, contador, funcionário público, tradutor e jornalista, antes de se dedicar ao que mais gostava.

“Quando tenho uma preocupação, uma dor ou um amor, tenho a sorte de poder transformar em poesia”, afirmava.

Títulos como a primeira obra do autor, “La víspera indeleble”, os “Poemas de la oficina”, “Rincón de Haikus”, os grandiosos três “Inventarios” ou as “Canciones del que no canta” foram coroados no ano passado com seu último poemário, “Testigo de uno mismo”.

Este livro era “um pouco o resumo de uma carreira poética extraordinária”, com todos os grandes temas da poesia universal transbordando pelas páginas, como disse a romancista Sylvia Lago.

Além disso, nesta obra já se pressentia o final dos dias do escritor, pois ele dizia claramente que se sentia só sem sua amada Luz e com um mundo reduzido: “Chega a noite e estou só/ me aturo a duras penas/ o bom amor a morte o levou/ e não sei para quem seguir vivendo”.

A poesia também deixou muito espaço para a prosa na obra de Benedetti e, assim, seu principal romance, “La tregua”, é uma das luzes da literatura do continente, com mais de 140 edições em 20 idiomas desde que foi publicado, em 1960.

O poeta também dedicou tempo aos contos, nos quais “cada palavra tem valor por si só” e, sobretudo, “têm a ver com os sentimentos”, como explicou em 1998.

O conto “é o gênero mais gratificante, tanto para o autor quanto para o leitor”, pois, “desde tempo imemorável, as pessoas gostam de que lhes contem coisas, e alguns gostam de contá-las”, dizia o autor de “Geografía”, “La vecina orilla” e “Montevideanos”.

Tanto a prosa como a poesia de Benedetti foram reconhecidas amplamente, e isso é atestado por prêmios Ibero-americano José Martí (2001) e Internacional Menéndez Pelayo (2005).

Em sua última aparição pública, em dezembro de 2007, Benedetti recebeu a Ordem Francisco Miranda, dada pelo presidente venezuelano, Hugo Chávez, na Universidade da República do Uruguai, aclamado pelas centenas de estudantes que reconheciam no poeta um ícone nacional.

Chávez reconheceu o autor de “Gracias por el fuego” como um ícone da esquerda latino-americana, pelo compromisso social que refletiu em sua vida, com o exílio durante a ditadura uruguaia na Argentina, em Cuba e na Espanha, e, sobretudo, em sua obra.

“A consciência é a única religião”, chegou a dizer este crítico da “grande hipocrisia que rege toda a vida política” e da globalização, à qual chamou de “ditadura indiscriminada, que cada vez conduz mais ao suicídio da humanidade”.

Em declarações à Agência Efe em junho de 2002, Benedetti explicava que, apesar de “os poetas não terem capacidade de influir nos Governos”, “atingem o cidadão comum, e, às vezes, servem para esclarecer uma dúvida, para dar uma tímida resposta a uma pergunta de alguém”.

Há alguns meses escrevi uma resenha a respeito de seu grande ensaio sobre a mediocridade, o romance A Trégua.

E, em meu blog anterior, publiquei duas resenhas curtas:

Eu já deveria ter lido Gracias por el fuego há muitos anos. Afinal, tudo o que do uruguaio Mario Benedetti me caiu nas mãos foi apreciadíssimo. Durante a Feira do Livro de Porto Alegre, descobri que havia uma edição em pocket da L&PM e finalmente o adquiri. É um livro político que trata do tema da frustração e do conformismo ou impotência frente à realidade, mas também é um romance psicológico que trata da baixa auto-estima. A obra foi censurada durante as ditaduras no Uruguai, na Argentina e na Espanha e diria que nunca estes governos foram tão exatos ao identificar algo que os explicasse e ameaçasse. A relação de Ramón Budiño com seu pai é a analogia perfeita dos métodos utilizados pelos regimes ditatoriais e uma aula sobre corrupção. Nada mais atual. Sem palavras de ordem, sem discursos datados e fora de hora, o livro tem boa trama e convence por seus personagens bem construídos e por sua humanidade. E traz, como sobremesa, uma figura de mulher absolutamente irresistível: Dolly, ou Dolores, para os íntimos. É uma pena que não tenhamos no Brasil uma obra sobre os tais “anos de chumbo” que chegue aos pés de Gracias por el fuego.

A Borra do Café, do uruguaio Mario Benedetti (Record) é um livro fácil de ler, daqueles de levar na mão de um lugar a outro. A princípio, parece ser um livro de crônicas, mas estas começam a completar-se e a ter continuidade formando um curioso romance feito de mosaicos. É notavelmente bem escrito e — por que não? — montado. Destaque para as descrições das primeiras experiências sexuais do personagem principal e para o ambiente da Montevidéo dos anos 30 e 40.

Termino este obituário com outro, escrito por Benedetti. O refinado escritor era capaz de momentos de ódio, como quando festejou a morte de Ronald Reagan. Leiam:

A Ronald Reagan, a la muerte de un canalla

OBITUARIO CON HURRAS, de Mario Benedetti

Vamos a festejarlo
vengan todos
los inocentes
los damnificadoslos que gritan de noche
los que sueñan de dia
los que sufren el cuerpo
los que alojan fantasmas
los que pisan descalzos
los que blasfeman y arden
los pobres congelados
los que quieren a alguien
los que nunca se olvidan
vamos a festejarlo
vengan todos
el crápula se ha muerto
se acabó el alma negra
el ládron
el cochino
se acabó para siempre
hurra
que vengan todos
vamos a festejarlo
a no decir
la muerte
siempre lo borra todo
todo lo purifica
cualquier día
la muerte
no borra nada
quedan
siempre las cicatrices
hurra
murió el cretino
vamos a festejarlo
a no llorar de vicio
que lloren sus iguales
y se traguen sus lágrimas
se acabó el monstruo prócer
se acabó para siempre
vamos a festejarlo
a no ponermos tibios
a no creer que éste
es un muerto cualquiera
vamos a festerjarlo
a no volvermos flojos
a no olvidar que éste
es un muerto de mierda

Em português:

OBITUÁRIO COM HURRAS, de Mario Benedetti

Vamos lá, vamos festejá-lo
estão todos convidados
os inocentes
as vítimas lesadas
os que gritam de noite
os que sonham de dia
os que sofrem no corpo
os que alojam fantasmas
os que pisam descalços
os que blasfemam e ardem
os pobres congelados
os que amam alguém
os que nunca se esquecem
vamos festejá-lo
estão todos convidados
o crápula morreu
acabou-se a alma negra
o ladrão
o porco
acabou-se para sempre
viva
estão todos convidados
vamos festejá-lo
para não dizer
que a morte
apaga sempre tudo
tudo purifica
num dia qualquer
a morte
não apaga nada
ficam
sempre as cicatrizes
viva
morreu o cretino
vamos festejá-lo
e não chorar como de hábito
que chorem os que são como ele
e que engulam suas lágrimas
foi-se embora o monstro magnata
acabou-se para sempre
vamos festejá-lo
sem ficar mornos
sem acreditar que este
é um morto qualquer
vamos festejá-lo
sem ficar frouxos
sem esquecer que este
é um morto de merda

Um morto de merda é tudo o que Mario Benedetti não é. Em 2006, Benedetti perdeu sua esposa, que se chamava Luz e com a qual era casado desde 1946. Nunca se recuperou. Luz o acompanhou no longo exílio pela Argentina, Peru, Cuba e Espanha. Benedetti afirmava que a literatura era “um sótão de almas”, uma “clarabóia para a utopia” e “uma drenagem da vida que ensina a não temer a morte”.

Atualização das 7h20: aqui, um excelente texto sobre Benedetti. E aqui, imagens — quase todas recentes — do velhinho.

A trégua, de Mario Benedetti

Eis um excelente escritor. Muito pouco lido no Brasil, o velhinho Mario Benedetti está às vésperas de completar 88 anos. É um poeta, romancista, cronista e ensaísta uruguaio. A trégua é o diário de Martín Santomé, um viúvo de quase cinquenta anos, pai de três filhos, que vive há mais de vinte entre a criação dos filhos, o trabalho de contabilista e casos de uma noite com mulheres quaisquer. É um sujeito apagado e deprimido, um bom funcionário que detesta seu trabalho, mas que o faz bem; um pai que, com os filhos crescidos, recebe deles a indiferença e o desejo de distância. Tudo muda lentamente com a entrada de Laura Avellaneda como sua funcionária no escritório. Jovem, tímida, contida e muito inteligente, ela proporcionará uma trégua à vida de Santomé.

Dito assim, parece uma história como tantas outras, mas não é, não da maneira como o faz Benedetti. Fino observador, ele conta a história com o exato grau de minúcia, explorando principalmente a insegurança do viúvo em sua relação com uma mulher vinte e dois anos mais nova. É quase um estudo da solidão, da felicidade e do passar do tempo em forma de ficção. Vale a pena ler este pequeno romance com mais de cem edições em espanhol.

Minha única estranheza foi a forma como Benedetti refere-se ao homossexualismo antes do episódio do politicamente correto. Não é agressivo, porém não é nada compassivo. Compreende-se, o romance é de 1960.

Soube que a editora Alfaguara traduziu mais dois livros de Benedetti: El Buzón del Tiempo, lançado como Correio do Tempo, e Primavera con una Esquina Rota (ainda sem título). Mas fiquemos antes com A trégua. Indico fortemente.